Soy “hija de”

Tras los dichos de la Presidenta de la Republica que señala que en el Frente Amplio están los “hijos de…” los líderes o militantes políticos de la Nueva Mayoría o la antigua Concertación y las múltiples reacciones que eso ha generado, como si se tratase de una ofensa de clase, de una caricatura burguesa, un deslizamiento de la idea “nosotros los hemos construido” o un solapado “somos los mismos” y a su vez las reacciones encendidas y ofendidas de quienes, por una parte, han querido separarse de esa afirmación y han declarado su origen popular, su origen clase media, su familia de región, sus viajes en micro, su deuda universitaria, para demostrar empíricamente su lejanía con la élite, quiero decir con fuerza y con un tremendo orgullo, soy “hija de”. Soy hija de Adriana Vasquez y Juan Gutiérrez Soto, ambos militantes socialistas, mi padre muerto hace casi 4 años, estuvo hasta el final activo en política y en su militancia, fue presidente de la FJS, presidente del Partido Socialista Histórico, fundador de la Coalición Democrática, secretario ejecutivo de la Concertación… ¡oh, qué miseria! Soy una hija de político ¡y de la Concertación!
Antes era un honor tener a alguien en la familia con la valentía de meterse en política, hoy es un horror del que hay que tratar de escaparse, una biografía que hay que borrar. ¡¡A otros con ese cuento!!
Vi en mi casa la práctica diaria del socialismo, jamás nos enriquecimos a costa de nada, no fuimos privilegiados con becas de ningún tipo, no heredamos casas ni autos, así que no me vengan a mí con caricaturas, y como yo, hay muchos hijos de militantes. Nuestra vida cambió mucho en los 90, sin duda, porque ya no nos perseguían y salíamos de una vida de clandestinidad (yo tenía 14 años).
De algo de lo que soy muy consciente es que esta larga transición trajo consigo una serie de prácticas que empiezan a instalarse en la política, algunas definitivamente impresentables, y que lentamente mucha gente empieza a dejar de creer en ese proyecto democrático o darse cuenta que ahí no sucederán grandes transformaciones sociales, que ve con lejanía la aparición de una clase política que ya no da cuenta de lo que el país requiere y habla de un horizonte de desarrollo y progreso que no logramos percibir en nuestras vidas, esto de la mano de un creciente gusto, de algunos, del poder por el poder y el dinero.
Quiero volver a mi padre, porque ya no está vivo para indignarse, como le gustaba, cuando constataba que se había perdido el rumbo en una discusión. Si, fue profesor de Castellano, estudió en la Universidad Técnica -fue el primero en estudiar de 10 hermanos-, hijo de obrero, vivía en San Miguel, siempre fue sencillo y su única herencia fueron toneladas de libros que aún no sabemos dónde meter. Pero la verdad, no veo que nada de eso sea garantía de nada, lo importante para mí es que mis padres me hicieron sensible al mundo, respetar la política y quizás buscándola o arrancando de ella, llegué al arte y luego, sin darme cuenta, a asumir un cargo político sindical, representando a mis compañeros y compañeras por ya casi 6 años. Soy parte de un directorio en el que trabajamos Ad honorem, esta experiencia también me hizo formarme y entender, ahora en carne propia, por qué y para qué hacemos política.
Hoy, después de muchas reflexiones, salgo del escepticismo crítico y contemplativo y doy un paso determinante, por primera vez en mi vida, decido integrarme a un movimiento político, que trabaja por abrir una nueva vía y opción para el país, un proyecto en construcción (no nos cansamos de decirlo) y justamente de esos procesos es de los que me gusta ser parte, como a mi padre. La contingencia electoral y su fervor presidencialista, son solo la cara más visible y personalizada de un proceso político que es colectivo y me pregunto: ¿Para que caer en esta lógica de justificar nuestra existencia, de castigar a alguien que no tiene un origen popular, de alabar a quien confronta un padre de derecha? Como si eso en si mismo fuera un mérito o un defecto ¿Cómo creer que hoy un proyecto político debiese estar integrado por una masa homogénea?
¡No, compañeros! Todos tenemos derecho a querer cambiar Chile, a avanzar en el compromiso ético de una sociedad distinta, donde prime el bien común, donde derrotemos este modelo económico y cultural que nos tiene atomizados, donde hacer política no sea despreciable per se, sino que dependa del tipo de política que hacemos. No temamos a ser criticados pero tengamos el coraje de enfrentar con orgullo lo que somos.
No nos avergoncemos de nuestro origen, cualquiera sea éste, no sintamos culpa de ser quienes somos. En el Frente Amplio no debe existir castigo a la cuna. No caigamos en la trampa que nos divide, porque las ideas las defienden quienes creen profundamente en ellas y ese no es un derecho exclusivo de algunos, sino de quienes estén dispuestos a llevarlas a sus acciones y a la práctica cotidiana.

No me pidan que niegue a mis padres, porque no lo haré  nunca.

Publicado por Andrea Gutiérrez Vásquez

Actriz, dramaturga, docente y gestora cultural. Candidata a Magister de Gobierno y sociedad. Activista Feminista integrante de RACH!

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