No solo sobrevivir 

 

 

Quienes trabajamos con públicos, con personas que acogen el trabajo que ofrecemos, artistas, gestorxs, productorxs, técnicxs, diseñadorxs, acomodadorxs, boleterxs, personal de aseo y un gran etcétera, tenemos la fortuna de experimentar la vibración en vivo de sus sentires, de sus risas, sus lágrimas, sus respiraciones, sus cantos a coro, su consternación frente al descubrimiento, su ceño fruncido por la reflexión o el enojo.

Hoy la pandemia ha quebrado esa comunión, no sabemos hasta cuándo. Esta realidad ineludible ha hecho cobrar relieve a múltiples vías, caminos o plataformas para que el hilo no se corte y continúe de manera diferente, muy diferente dirán algunos. Ahí se alzan voces a favor y voces en contra, como en todo, porque a la hora de discutir cualquier tema, somos un gran estadio con barras bravas, pero si salimos por un instante del binarismo de lo bueno y lo malo para contemplar la diversidad de matices en aquellas voces, algunas viscerales, otras puristas, otras muy agudas o las infaltables repetidoras, veremos algunos destellos, más que interesantes, sobre el presente de las artes en vivo.

Sin querer encender más la arista polémica y sin pretender tampoco ahogar discusiones sobre el quehacer que problematizan este nuevo fenómeno en su desafiante dimensión artística, política y económica (entre otras) y entendiendo también, que la mayoría del público no logra ingresar a estas conversaciones porque su puerta de entrada a lo que hacemos es otra, me ha resultado estimulante preguntarme ¿por qué vale la pena intentar mantener encendida la llama del arte en vivo y buscar maneras de que siga vibrando aunque sea filtrado por una mascarilla tecnológica?

Para intentar responder (este escrito no es más que un intento) veo que mi trabajo, como para muchxs, ha sido una forma de sentirme viva en estos tiempos, porque como la mayoría, quiero sobrevivir a esta pandemia pero no quiero dejar de vivir, para eso la pulsión creativa, vista como instintito primario, es un acto de rebeldía contra la muerte y tenemos que, por necesidad, darle cause.

La naturaleza humana no está hecha para rendirse, me aferro a esa idea como un mantra, el ingenio ha empujado las creaciones más asombrosas y sencillas en momentos de restricción. En mi estadía en Italia, hace tantos años que parece la vida de otra persona, le pregunté a un amigo ¿por qué será la que comida italiana es tan rica y tan sencilla en sus ingredientes? Él me respondió: muchos platos han sido creados combinando la generosidad de la naturaleza con la carencia, el caldo del día anterior al siguiente se convertirá en un delicioso risotto. La explicación me pareció tan hermosa como cierta, ese diálogo restricción y abundancia de naturaleza o creatividad es un arma infalible de subsistencia, porque nos avisa como un grito interno que es posible continuar.

Me ronda en la cabeza ¿cómo se desafiará nuestro instinto creativo dialogando con esta nueva escena? ¿cómo y qué nos permitirá hacer? ¿qué surgirá de todo esto? también me pregunto, me resulta inevitable, ¿cómo podemos hacerlo de manera justa, para que la indagación de nuevos lenguajes artísticos, de nuevas formas de conectar con los públicos, no sea a la vez,  una nueva forma de precariedad laboral, cómo lo evitamos y nos protegemos, eso es también prioritario. Así que si queremos hacerlo, porque nadie está obligado, no usemos tiempo en levantar más muros a este encierro porque caerán tarde o temprano, recorramos nuestras inquietudes de manera genuina y guiados por esta irrefrenable pulsión.

Tenemos barreras suficientes con un gobierno pantalla que cuida los abultados bolsillos más que vidas, que nos asfixia con información confusa y ambigua, que sólo derrama temor como herramienta de control, pero a pesar de ello resistimos y seguimos soñando obstinadamente, porque no queremos que esta pausa nos arrebate la posibilidad de vibrar, conmocionarnos, conocernos, escucharnos, llorar y reírnos, reírnos mientras lloramos, llorar de tanto reírnos y sobre todo conectarnos, contenernos, acompañarnos. Si hay que explorar, si hay que indagar, si hay que disentir, si hay que equivocarse, prefiero correr el riesgo.

 

 

Publicado por Andrea Gutiérrez Vásquez

Actriz, dramaturga, docente y gestora cultural. Candidata a Magister de Gobierno y sociedad. Activista Feminista integrante de RACH!

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