Intervención en la Comisión de Educación y Cultura del Senado

SOBRE LA INDICACIÓN SUSTITUTIVA QUE CREA EL MINISTERIO DE LAS CULTURAS LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

Agradecer la invitación a la Comisión de Educación y Cultura del Senado, para exponer algunos puntos que desde las organizaciones que represento nos parecen sustanciales que se tengan en cuenta en un debate como este. Quisiera aclarar que la intención de esta intervención no aspira en lo más mínimo defender parcelas mezquinas, ni privilegiar intereses específicos, lo que hoy estamos construyendo es una futura institucionalidad para la cultura, que debe sobre todo encarnar principios de gobernanza democrática inclusiva y robusta para dar forma y fondo al espacio que la cultura debe tener en la construcción de sociedades más pacíficas , más democráticas y más justas para sus ciudadanos.

I.- TRANSVERSALIDAD Y PARTICIPACIÓN

Profundizar en el compromiso con la cultura y el arte de nuestro país es una tarea que se ha tomado con seriedad desde el Estado y desde el parlamento, pero también y desde mi rol, quisiera destacar el enorme compromiso ciudadano que ha existido desde el inicio de este proyecto de ley y las decenas de encuentros que se han tenido a lo largo del país, para generar una propuesta que permita dar una institucionalidad a la cultura que realmente de cuenta de su naturaleza, tan compleja y única. El que tenemos hoy, es un proyecto robusto y ampliamente validado, incluyendo en esto a la cámara de diputados. La participación ha sido y seguirá siendo clave, así como en su construcción, hoy, está presente de manera inédita en esta estructura orgánica. El mejoramiento de la participación a través de un consejo amplio, diverso e inclusivo, mejora enormemente el actual directorio nacional, el que, si bien ha cumplido una etapa, no ha logrado ser un efectivo representante de la sociedad civil ni ha garantizado mayor transparencia, ya que se ha constituido en una suerte de elite que poca relación tiene con las organizaciones o la sociedad civil en su conjunto. La nueva propuesta, hasta donde la conocemos, entrega garantías de mayor representación, presencia de regiones, de pueblos originarios, de mujeres y a partir del reglamento, tendremos la oportunidad de mejorar la selección de estos representantes, un paso enorme para una institucionalidad que ha sido pionera en torno a los esfuerzos en materia de participación ciudadana, previo a la entrada en vigencia de la ley 20.500.

Hemos escuchado en reiteradas ocasiones que el arte y la cultura deben estar en el centro, quisiera hacer una observación en torno a esta afirmación y con ello resaltar un valor que tiene el proyecto sustitutivo,  yo no creo que la cultura deba estar en el centro, el arte y la cultura deben ser transversales, deben poder dialogar con los diferentes componentes de una sociedad y desde una institucionalidad, esto significa poder dialogar con todos los componentes  de la estructura del Estado, como consigna este proyecto, el Ministerio de las Culturas, las artes y el patrimonio , propenderá a su incorporación en forma transversal en la actuación del Estado, rasgo inusual en los órganos de gobierno, pero absolutamente necesario para poder aportar al desarrollo del país con una mirada integral e innovadora, que no aborde las temáticas de manera unívoca. Este rasgo institucional se hace cargo de una realidad, porque la cultura afecta directamente el cómo los ciudadanos se relacionan con la salud, la educación, la seguridad, el género, la diversidad, la desigualdad, la economía, con el trabajo, con la justicia  y más. El arte a su vez, es un componente transversal crucial en un sinnúmero de espacios vinculados a la justicia, a la infancia, a la educación, al motor económico y de innovación, al fortalecimiento territorial, a la seguridad, a las habilidades blandas, a la felicidad y a la calidad de vida, entre otros valores. Nos equivocamos cuando miramos el arte o aún peor la cultura, únicamente en lo disciplinar, como un espacio aislado, propio de la elite. Cada uno de ustedes en sus circunscripciones habrá podido contemplar cómo los ciudadanos encuentran formas diversas, muchas veces enfrentando obstáculos por parte del propio estado, para ejercer un derecho humano, participar culturalmente de sus territorios y habrán visto como de ellos emergen expresiones populares.

En la medida que avancemos en garantizar un acceso equitativo, estas expresiones pueden dialogar con múltiples disciplinas artísticas, de distintas naturalezas, lo que constituye un aporte incalculable a la diversidad cultural.

II.- DIVERSIDAD CULTURAL E INTERCULTURALIDAD

Como ustedes bien saben, Chile ratificó el año 2007, la Convención para la protección y promoción de la diversidad de expresiones culturales. Esta hoja de ruta internacional de la UNESCO, señala recomendaciones recogidas por este proyecto y a su vez presenta aspectos centrales en torno a fomentar el diálogo entre las culturas en pro del respeto intercultural y la cultura de paz.

El proyecto sustitutivo de esta manera se hace cargo de lo recogido en la consulta indígena en materia de pueblos originarios, asumiendo una realidad cada vez más presente en nuestro país: la multiculturalidad y con ello la necesidad y respeto que debe existir por la diversidad cultural, de manera armónica y equitativa. Quisiera hacer en esto una breve referencia al nombre de la nueva institucionalidad propuesta, Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el término “las culturas” viene a hacer un reconocimiento nominal y estructural a lo que ha estado ausente e invisibilizado, es importante que sepamos la potencia que tiene el lenguaje en este sentido y reconocer desde este, a quién ha sido marginado históricamente, esto constituye un justo reconocimiento que ubicaría a Chile junto a aquellos países que han sabido mirarse desde su diversidad cultural y con ello han incrementado el respeto, la paz social, la tolerancia y la justicia. De esa manera, tal y como lo plantea el espíritu de esta convención, en un contexto de globalización creciente, desde el Estado se hagan todos los esfuerzos necesarios para proteger la riqueza diversa de la identidad cultural de nuestro país.

Otro aspecto relevante en esta materia, pues se encamina a un reconocimiento de  identidad territorial y de acceso equitativo, dice relación a un verdadero compromiso descentralizador, con verdaderas facultades para los SEREMIS, quienes estarían habilitados para diseñar e implementar programas propios, atendidas sus identidades y particularidades culturales. Esto es, no sólo implementar y proponer políticas, no sólo ejecutar planes y programas nacionales, también cuenta con la atribución para crear los suyos y adaptar los nacionales a sus características regionales.

Un cambio sustantivo que no desconoce lo que se ha hecho, ni lo que claramente podemos mejorar, pero orienta a través de este instrumento el desarrollo cultural y artístico de todo el país.

III.-VALOR ESTRUCTURAL DEL PROYECTO  

Una estructura orgánica que da cuenta del carácter excepcional de lo cultural. Dos subsecretarías, que delimitan dos grandes estructuras que contarán con una estructura institucional y administrativa sólida. Valorar que se haya revisado modelos y probablemente problemáticas que se generaron en otros proyectos que llegaron a puerto con bastantes deficiencias, como el Ministerio del Deporte, donde aparece un Ministro que poco puede hacer en lo operativo o en la implementación de políticas, pues sigue siendo el IND el que cumple esa labor. En este caso en cambio la presencia de un organigrama en coherencia y dos responsables administrativos (Subsecretarios), más un Ministro(a), que permitan ejercer las funciones con mayor eficiencia y compromiso con la política pública y que toma con seriedad la magnitud de los temas que le competen.

Podríamos decir que este proyecto se encamina a garantizar los derechos culturales de los ciudadanos.

Derechos Culturales, que no son la cultura en sí misma, sino que el grado de exigibilidad de estos y están consagrados como derechos humanos desde la Declaración Universal de 1948 y en especial en el Artículo 15 del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales el que da vida a una familia de derechos,  llamados de Segunda Generación.

Garantizar equidad en el acceso, descentralización, desarrollo artístico y cultural depende de todas las personas y toda la colectividad, pero son los actores públicos los que tienen la responsabilidad de integrarlos en sus legislaciones, asegurando su respeto y salvaguardia, con el fin de evitar que aquellas personas en desventaja económica o segregación social se vean marginadas del desarrollo y la riqueza cultural de su país.

Tal como lo señaló el director de la UNESCO en 1970, en el primer Encuentro sobre los aspectos jurídicos institucionales, públicos administrativos, financieros fiscales de las políticas culturales, desarrollado en Venecia: “si todo hombre tiene derecho, como exigencia de su dignidad esencial, a participar en el patrimonio y en la actividad cultural de la comunidad, o mejor, de las comunidades a las que pertenece, entre ellas, seguramente, la comunidad-limite que es la humanidad, de ello se deriva que las autoridades responsables de esas comunidades tienen el deber de proporcionar los medios, en la medida de los recursos de que dispongan para que esa participación sea efectiva… Este es el primer fundamento y el primer fin de la política cultural”.

Por último, no puedo dejar de mencionar que proteger y respetar los derechos, tanto laborales como de propiedad intelectual de los artistas, cultores popular y trabajadores de la cultura en general, no entra en disputa con nada de lo anteriormente expuesto, resulta doloroso ver como cada vez aparece de manera más asidua discursos sesgados, que hablan de la dependencia  de los artistas de la institucionalidad cultural, como si fuese este un acto de aprovechamiento individualista de quienes, muchas veces, pagan por hacer su trabajo o no perciben por él remuneración de ningún tipo. Estas afirmaciones son a lo menos injustas y carecen de todo sustento, pues el rol que estos cumplen materializa el hecho artístico o dinamizan la acción cultural, así como los profesores en la educación. El rol del estado en materia de arte y cultura es preponderante en prácticamente la totalidad de los países del mundo , sobre todo aquellos desarrollados, por lo que pretender o aspirar a figuras gerenciales que solo propendan a dinamizar el rol económico, es jibarizar todos los conceptos anteriormente señalados y perjudicar finalmente a los ciudadanos.

Espero que la visión de esta honorable comisión, nos ayude a dimensionar como sociedad, el real valor que tiene esta nueva institucionalidad para los ciudadanos y  de esa manera comprender que la cultura y el arte trascienden las sociedades, marcando una huella profunda en las historia de los pueblos, no podemos permitir que nuestro país y su enorme riqueza cultural, no se brinde el Ministerio de las culturas, las artes y el patrimonio que merece.

Muchas gracias.

 

Nada es casualidad: La fuerza de la organización

Hoy el discurso que satanizaba los derechos laborales y que ubicaba al artista como un ser etéreo, sin necesidades mundanas, está quedando atrás. Las personas que pensaban que imponíamos una doctrina absolutista, hoy comienzan a entender que nadie está siendo obligado a ser lo que no es, que nadie está siendo obligado dejar de ser artista por ser trabajador.

Hace unos días leía sobre las demandas de los trabajadores de la ciencia, los que justamente reclaman hoy con fuerza su derecho a contrato laboral. He seguido atentamente sus comentarios ¿Por qué? Porque nada es casual.

Este año particularmente ha sido clave para ver efectos concretos de nuestro trabajo sindical y me lo recuerdan hoy dos hitos: la postulación a fondos y la Muestra de Dramaturgia Nacional.

Porque después de años de negación, diciéndonos que era imposible lo que solicitábamos (simplemente respetar los derechos laborales de los artistas y trabajadores del arte) hoy vemos esfuerzos concretos desde el CNCA por transformar para siempre la realidad de los trabajadores (de todas las áreas).

Presenciamos una Muestra de Dramaturgia -dirigida en esta versión por Aliocha de la Sotta y Jaime Lorca- que tiene contratado a cada uno de sus trabajadores que se encuentran bajo subordinación y dependencia, y a Fondos del Estado que consideran de manera explícita la contratación laboral, con un formulario diferente en materia de contratación, un instructivo al respecto y charlas, las que buscan que en el caso de que exista subordinación y dependencia haya contrato laboral (de acuerdo a la labor y al régimen de trabajo) y además, algunas instrucciones significativas para el período de evaluación, por ejemplo que los jurados no puedan juzgar los montos de los sueldos asignados a su antojo, a lo que agregaría la solicitud de mirar los respectivos tarifados sugeridos de las organizaciones.

Quiero insistir en que todos estos hechos no son casualidades, no son fruto de que un día a una persona se le ocurrió la brillante idea de respetar los derechos de los artistas. Es el resultado de una solicitud concreta de organizaciones, como la nuestra, que han hecho un trabajo sistemático, que han analizado el panorama actual, que han presenciado graves accidentes laborales sin seguro, difíciles enfermedades sin FONASA, que gestionan año a año pensiones de gracias para los suyos y que, movidos por la convicción de protegerlos, a veces a pesar de ellos mismos, nos hemos sentado a la mesa una y otra vez  hasta llegar a un acuerdo. Claramente no hemos llegado al ideal, estamos comenzando este cambio, pero no podemos decir que no hemos avanzado.

Hoy  vemos, aunque no sea popular reconocerlo, que en esta materia existió una voluntad política real, que se convenció de que esto era posible, incluso con un marco jurídico adverso (Plan Laboral) porque esto no se trata sólo de poner una norma que exija, obligue y asfixie al postulante, sino que se haga cargo de entregar información y formación. No olvidemos que, tal como señala el proyecto Trama en su estudio “El escenario del trabajador cultural en Chile”, el 70%  de los trabajadores de las artes desconoce sus derechos, por lo que nos corresponde seguir impulsando un cambio cultural en torno al trabajo artístico, valorar la labor y el aporte de estos trabajadores, cambiando incluso las nociones en materia de remuneración.

Hoy  el discurso que satanizaba los derechos laborales y que ubicaba al artista como un ser etéreo, sin necesidades mundanas, está quedando atrás. Las personas que pensaban que imponíamos una doctrina absolutista, hoy comienzan a entender que nadie está siendo obligado a ser lo que no es, que nadie está siendo obligado dejar de ser artista por ser trabajador.

Reconozco que actualmente existe disposición y compromiso donde antes no la encontrábamos, pero esto es fruto de diversas estrategias, con alegría comprobamos cómo diversos actores sociales se han hecho parte de demandas sectoriales que nos ayudan a todos, como nuestra solicitud al Ministerio del Trabajo

por eliminar el 145 L (doble tributación de la contratación de los trabajadores de las artes y el espectáculo), el que cada día avanza en su concreción definitiva; nuestro anhelo por la visibilización de las cooperativas como figura asociativa que permita la formalización del sector artístico, como las compañías de teatro; y sobre todo, ver cómo existió concordancia en la demanda que hicimos el año 2014  en el ex Congreso, frente a la comisión de cultura de la Cámara de Diputados y que ya está plasmada en el proyecto de Ley que crea el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, para que este tuviera como categoría fundacional el garantizar el derecho a la cultura de los ciudadanos.

Esperamos, pero no sentados, que en este camino de consolidación siga la ley  sectorial que crea el Instituto de Artes Escénicas, proyecto que es fruto de un trabajo asociativo inédito entre las organizaciones.

Nos  corresponde entonces reconocer que cuando los esfuerzos son consistentes y coherentes se pueden dar pasos sólidos, que seguramente no dejarán contentos a todos, pero que demuestran que la fuerza de la organización es fruto del trabajo colectivo y no de la casualidad.